La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
Sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruído por la poesía.
miércoles 14 de mayo de 2008
La poesia destruye al hombre
viernes 9 de mayo de 2008
Como esta
En noches como esta en las que ni siquiera te abrazan los aros de humo del tabaco, en noches como esta en las que la sangre se confiesa ante un control de carretera. En noches como esta en las que el único calor ajeno es la lámpara que ilumina el vacío de tu habitación, en noches como esta en las que el recuerdo se limita a planear el mañana. En noches como esta en las que ni la música enciende tu moribundo éxtasis natural, en noches como esta en las que las palabras buscan orejas y se contentan con bocas. En noches como esta en las que las estrellas llevan gafas de sol, en noches como esta en las que tu mejor amigo necesita de tu aliento.
Es en noches como esta en las que siento, por fin que vuelvo a ser yo.
PD: y además te quiero.
sábado 29 de diciembre de 2007
Gritaron los cobardes
Un día los cobardes se levantaron ante el asombro del mundo y gritaron juntos ante los valientes todo aquello que durante tantos años escondían.
Entre el griterio pude escuchar la voz familiar de alguien a quien una vez tuve muy cerca. Por primera vez entendí su mensaje y tuve que retirarme acobardado a un lugar oscuro durante 9 largos meses.
jueves 22 de noviembre de 2007
sábado 7 de julio de 2007
El espejo
jueves 31 de mayo de 2007
Diario de un degenerado I
Poco después volví a casa y desayuné, normalmente pocas tostadas poco tostadas y muchas tostadas muy tostadas, sin complementos, quizá un poco de sal para aumentar su sabor. A media comida me invade un presentimiento y salgo corriendo de nuevo al lavabo. Jeje, aun quedaba algo de cena. Sigo comiendo hasta que tengo los dientes lo más sucio posibles, es ahí donde decido empezar la jornada laboral. La putada es que, en estos momentos, no tengo trabajo, así que vuelvo al váter, recojo el periódico lleno de jugos, a qué animal se le ocurriría tirar este tipo de impresos por la alcantarilla? Y vuelvo a la lectura, pero esta vez camino del bar. El bar queda a dos cigarros de mi casa, pero soy una persona sana y dedico la mitad del camino a fumarme uno y la otra mitad a desear otro. Mientras, leo la contraportada del famoso periódico que me recuerda lo mal que huele el mundo y decido de una vez por todas tirarlo al suelo y escupirle encima. Poco después oigo de forma irregular el adjetivo “marrano” a lo que dedico una sonrisa y un dedo corazón a tan apreciable persona. Llego al bar entre lamentos por fumarme otro cigarro y pido cambio para la máquina. Un ducados rubio y el cambio a la tragaperras a ver si echa algo la muy jodia. Me parece que éste es el único vicio al que nunca he estado enganchado a parte del opio, del que suelo fumar tres veces al año, nada importante. Me siento y, maldita sea, alguien me ha vuelto a chorizar el mechero. Pido disculpas a un caballero, que está sentado en un taburete y apoyado en la barra, por la interrupción y le preguntó si me deja el mechero. Su afirmación me despeja de dudas y decido preguntarle a otro. Con el cigarro encendido, vuelvo a la lectura, esta vez del diario del bar, no se crean. Una chica estupenda me pregunta si deseo algo, le miro las tetas con furia masculina y muy educadamente le pido un café largo.
No me gusta el café, nunca lo he soportado. Pero a los 16 todos mis amigos bebían café y no podía ir a un bar por la mañana con todas esas sanguijuelas con granos y pedirme un cacaolat calentito. Yo también quería ser mayor. Ahora, solo pido café para demostrarme a mi mismo que sigue sin gustarme. Lo escupo en el suelo y le grito a la camarera. Esto es un café?? Empiezo a enloquecer mientras aparece el dueño del local y me dice que no me preocupe, que me invita a comer, que seguramente ha sido culpa de la máquina que llevaba unos días haciendo el tonto. Veo como despiden a la camarera, tiempo después me dijeron que era madre soltera de mellizos a los que ha tenido que dar en adopción por falta de dinero. Soy la mar de divertido. Este espectáculo lo monto una vez a la semana en un bar diferente de mi ciudad. Consigo una comida gratis y me río un rato cuando se lo explico a la radio al llegar a casa.
Me sirvieron una ensalada verde y un plato de albóndigas, comida de currante. Para seguir con fuerzas el día. Me preguntan si querré café.-no, gracias, ya me he demostrado bastante por hoy.
A media tarde recuerdo que es el cumpleaños de mi hijo. Ayer tenía 3 años, hoy debe tener uno más sino me fallan las cuentas. A mi hijo lo veo poco por culpa de la ley, ahí está la razón de porqué la quebranto tanto. Cuando mi matrimonio se quebró, mi querida exmujer se lo llevó todo, alegando que tenía esquizofrenia múltiple y psicopatía. Total, que me dejó con el coche verde, cientos de deudas y dos gramos de speed. Nada más. La verdad, lo extraño es que me haya acordado del cumpleaños de mi hijo, al que nunca ejercí de padre por mi extraña enfermedad. Es lo que tiene tener una biografía en la que se menta más a gente muerta que a viva.
Decidí no comprarle nada, qué puede necesitar un hombre de 4 años de edad? Maquinilla de afeitar? Desodorante? Un par de tetas?
Pregúntenselo a él, aprendió a entender antes que yo.
Además, no quería parecer uno de esos padres que se cree que solo por acordarte del cumpleaños de tu hijo y regalarle algo carísimo te convierte en el mejor padre del universo. Yo cargo con mi pena de ser un irresponsable y un degenerado, pero hipócrita no soy.
Como no tenía más que hacer decidí pillar un gramo de ketamina para pasar la tarde.
Anduve con los ojos entrecerrados y el cuerpo dormido mientras miraba como pasaban las horas.
-Envuélvame el tiempo para regalo, es que es el cumpleaños de mi hijo.
Anduve dormido media tarde, sin ver más allá de mis pasos, tropezando con el ritmo de otros que sí tenían prisa. Pensando en el sentido de las palabras, de miles de palabras que recorrían mi cabeza, descubriendo errores de la vida que solo un loco puede deducir. Paseando por un mar de incertidumbre hasta la noche, hora en que decidí despertarme para salir a comprar más mierda.