jueves, 19 de abril de 2007

CAMBIO FORMATO

NO SERÉ YO QUIEN VIVA EN BLANCO Y NEGRO

miércoles, 18 de abril de 2007

La desobediencia natural a la estructura

Durante toda la historia de la especie humana hemos contemplado como la rebelión contra las imposiciones, la negación del camino marcado por algo ajeno a nosotros ha determinado en cuantiosas ocasiones cambios profundos en la sociedad y en la mente humana. Incluso des del principio cristiano de los hombres, Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso al desobedecer las leyes de Dios. Las injusticias contra la muchedumbre se han ido alternando una tras otra, sin descanso, pero la realidad ha demostrado que no nos negamos a obedecer porqué consideremos injustas las normas, sino porque simple y claramente son normas, leyes, prohibiciones y obligaciones que los individuos naturales no pueden aceptar.
Es verdad que hay normas que no decidimos, que las podemos considerar altamente inalterables como la salida del sol por la mañana, la necesidad de comer para sobrevivir o el hecho de que a veces haga más frío en invierno que en verano.
La desobediencia civil, durante el pasado siglo ha sido la forma de lucha de muchas personas que consideraban su derecho la negación a la obediencia, normalmente a normas injustas, aunque cabe la opción de negarse a obedecer, repito, a las normas por el simple hecho de ser normas.
En la sociedad de hoy en día creemos que tenemos los derechos para negarnos pero no es así. Yo puedo escribir sobre ello, pensar sobre ello y hablar sobre ello, pero la acción pasa a otro terreno. Negarme a cumplir el castigo del profesor, negarme a identificarme delante de la policía, negarme a comprar un billete de tren y tantos etcéteras que puedo o no considerar injustos pueden llegar a significar faltas o delitos traducidas en nuevas represiones contra el individuo.
Se nos da la libertad para pensar pero no para actuar y esto, muchas veces, aplasta el pensamiento.No hay que buscar grandes luchas de grandes luchadores para encontrar la desobediencia. En cada casa, en cada barrio, en cada persona podemos encontrarla, la lástima es que la represión de quien marca las normas y la falta de conciencia y acción de quien pretende desobedecerlas acaba destruyendo la voluntad humana.

lunes, 16 de abril de 2007

El lamento de un vampiro

Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.

L.M. Panero

jueves, 12 de abril de 2007

Sin título

Una de las causas que me obliga a permanecer en el suelo está como absorta del mundo, se ha disfrazado de blanco y niega su don congénito. Se muestra erecta ante el asombro de su tapadora, mancha sangre donde antes escupía fango y ha dejado de pisar los pasos ya terminados.Soporta un calor sofocante sin que llegue el verano, la luz la menosprecia y el hielo la derrite. Es un día lo que lleva así y son interminables las horas que le quedan sin poder bailar al son de mi música.Ha dejado de arrodillarse ante Dios, porque prefiere rezar levantada, ha malgastado su pesar convirtiéndolo en madera oxidada, ha matado el disfraz de cuerpo que la caracterizaba y ha quedado desnuda bajo las mantas de la impotencia para ser sojuzgada.Y mi delito ha sido no darle importancia y buscar en la artífice natural otra que aceptase mi amor. Y cuando pasen unos días la echaré en falta, lanzaré al río la substituta imperfecta y caminaré por toda la ciudad hasta encontrar a mi pierna.

17 de Mayo de 2006 con una pierna enyesada

martes, 27 de marzo de 2007

.

Por tener,
hasta yo tengo.
Por amar,
hasta yo quiero.

domingo, 25 de marzo de 2007

Mi juicio

Conocí a mi juez en el 87, entre los escombros humanos que caminan sin cesar por las calles de cualquier ciudad. Me acuerdo que le grité des del otro extremo de la vía, pero no alcanzaba a oírme, parecía que tenía los oídos pegados al libro que sus manos portaban como símbolo de su cultura. Era normal, era juez. Empecé a correr torpemente detrás de él y me planté con un gran salto, y su respectiva caída, delante suyo. Me reincorporé, limpié con las manos mi vestimenta, me deshice de las gafas de sol y le mire atentamente con los ojos entrecerrados, como intentando recordar su cara en algún lugar o como probando de adivinar su nombre a partir de sus rasgos. Nos habíamos detenido justo en medio de la carretera y ahora éramos el eje central de dos carriles contrariados de vehículos fugaces hacia ninguna parte. Pero les vi la intención: todos los conductores levantaron su brazo derecho con rapidez y con una fuerza antinatural apretaron el centro del volante, mi ojo avizor conmovió la intuición para posar sobre los oídos mis aplastadas manos, pero eso no me salvó de la gran explosión sonora de bocinas de coche.
Y mi juez, aterrido, movía la boca como intentando hablar con un extranjero, no le entendía. Ni sus señas, ni sus movimientos, ni la salida orbital de sus ojos me interesaron lo más mínimo, solamente reaccioné cuando descubrí que intentaba tirarme debajo de las pesadas ruedas de aquellos coches.
Ya era demasiado tarde y yo rodaba y rodaba metros y metros hacia el norte, era un viaje sin rumbo, un viaje que antes de empezarlo ya había terminado. Vi a mi juez desaparecer sin darme explicaciones, cosa que me mareó. No tardó la calle en llenarse de decenas de transeúntes que volaban sobre mi alrededor y cuchicheaban sobre el porqué de mi suicidio.

viernes, 16 de marzo de 2007

Diario de un niño irresponsable

Había llegado la hora. Desde muy pequeño sabía que un día u otro tenía que llegar ese momento y, como quien no controla las agujas del tiempo, habían pasado los años a una velocidad astral. Era ley de vida, todos hemos pasado por esto y, los que no, que no se impacienten… llegará ese día y sufrirán. Hasta ese momento todo habían sido facilidades, la vida? Un juego para niños comprometidos por su pasado. Pero sería ahí donde se demostraría si ese juego le había servido para encontrar el camino hacia el gran agujero. Seamos sinceros, tenía un miedo de espanto y una mueca de irritación en la cara. Al parecer, ya hacía horas que tendría que haber pasado por esto, pero yo controlaba, después iré- me decía. Ahora era cuando se alargaba el sufrimiento.
Abrí la puerta muy despacio, como intentando no despertar a los temibles seres que religiosamente se escondían entre la maleza de aquel inhóspito lugar. La cabeza me empezó a supurar y los cabellos empezaron a enseñar pequeñas gotas de sudor que se mezclaban con el miedo. Alguien puso en marcha la cámara lenta y deseé tener las piernas más largas.
Me observé a través de un espejo mal posicionado y me di cuenta que había llorado, me sentí inútil. Las lágrimas, ahora evaporadas por mi cuerpo en ebullición, se asomaban a la ventana y pedían auxilio. Pero nadie me socorría, estaba solo y tenía que vencer la situación como pudiera. Y así fue, decidido di un gran salto y me senté en la taza del váter, ahora sería todo descanso.