Por tener,
hasta yo tengo.
Por amar,
hasta yo quiero.
Mis sueños tienen alas de cristal. Y los tuyos?
Conocí a mi juez en el 87, entre los escombros humanos que caminan sin cesar por las calles de cualquier ciudad. Me acuerdo que le grité des del otro extremo de la vía, pero no alcanzaba a oírme, parecía que tenía los oídos pegados al libro que sus manos portaban como símbolo de su cultura. Era normal, era juez. Empecé a correr torpemente detrás de él y me planté con un gran salto, y su respectiva caída, delante suyo. Me reincorporé, limpié con las manos mi vestimenta, me deshice de las gafas de sol y le mire atentamente con los ojos entrecerrados, como intentando recordar su cara en algún lugar o como probando de adivinar su nombre a partir de sus rasgos. Nos habíamos detenido justo en medio de la carretera y ahora éramos el eje central de dos carriles contrariados de vehículos fugaces hacia ninguna parte. Pero les vi la intención: todos los conductores levantaron su brazo derecho con rapidez y con una fuerza antinatural apretaron el centro del volante, mi ojo avizor conmovió la intuición para posar sobre los oídos mis aplastadas manos, pero eso no me salvó de la gran explosión sonora de bocinas de coche.
Había llegado la hora. Desde muy pequeño sabía que un día u otro tenía que llegar ese momento y, como quien no controla las agujas del tiempo, habían pasado los años a una velocidad astral. Era ley de vida, todos hemos pasado por esto y, los que no, que no se impacienten… llegará ese día y sufrirán. Hasta ese momento todo habían sido facilidades, la vida? Un juego para niños comprometidos por su pasado. Pero sería ahí donde se demostraría si ese juego le había servido para encontrar el camino hacia el gran agujero. Seamos sinceros, tenía un miedo de espanto y una mueca de irritación en la cara. Al parecer, ya hacía horas que tendría que haber pasado por esto, pero yo controlaba, después iré- me decía. Ahora era cuando se alargaba el sufrimiento.
Sonaba la melancólica melodía de un saxo tocado del ala en una de las salas donde suelo dedicarme a cerrar los ojos. Eran pasadas las dos de la madrugada de una noche de esas en que te olvidas de quien eres y tu conciencia se reduce a acertar con el cigarro en la boca. Había bebido igual que cualquier otro día. Mi mirada dibujaba el humo del tabaco al tempo de un blues de los 50.
Pum, pum Qué?? Oigo aquellos nidos de alamedas arcoirisadas y oscuras, igualito a mi libro de poesía, blanco como el viento y tétrico como esta historia. Cuatro yeguas vuelan bajo tierra, el manantial de la esperanza aun no ha dado a luz y se marchitará como la lluvia, como la lluvia Qué?? Peca y deja pecar, olvida y olvídate de mi, esa es la respuesta, a Qué?? Pregunta lo que sea… 3 puntos, a Qué viene esto? Símbolos, puntos, palabras, engaño y alquimia, oro mezclado en agua y tierra en lodo. Trueques malditos por el demonio, tu libertad, mi alma… la inmortalidad de los insectos y el despertar de lo antihumano, poco queda no artificial… tiempo, pasa el tiempo, siempre pasa, antes o después, pero siempre acaba la fracción en la que me intereso, paso del interés. Sigues aquí?? Por Qué me inundas con tu presencia?? Existencia?? Inhibición de cuadros perpetuos y escaleras a las nubes, un cenicero lleno, a rebosar, esperando la última calada para volcar. Cuatro o eran cinco yeguas?? Qué más da?? Enfado?? Para nada… Armonía, melodía… la música es del diablo. Satán!! Original hasta retrocederle a la vida, que puedes ofrecerme?? Vamo, niñia, que s’acaba!! A 3 euróo… deja los puntos. No sigas. Qué es esto?? Símbolos, comas, puntos; interesante.
Tomando un descanso aparecí en un bar en el que nadie aparentaba conocerme. Pasé un largo rato bebiendo una taza de café vacía que, encima me había servido fría una chica a la que juzgué por los ojos. Nadie hablaba. Todo se mantenía en una calma difícil de comprender en un bar a las ocho de la tarde. Había un par de hombres cincuentones que jugaban a la maquina, pero sin luz ni sonido. No era un espectáculo sino una manera de dejar atrás al tiempo.